¿Por qué sigo en alerta aunque ya no haya peligro?
- Centro EIZA

- hace 2 días
- 5 min de lectura
“Sé que ahora estoy bien, pero no consigo relajarme”.
Esta es una de esas frases que escuchamos en consulta.
No corresponde a ningún caso concreto, sino a una sensación en la que muchas personas pueden reconocerse: racionalmente saben que no está ocurriendo nada peligroso, pero les resulta difícil bajar la guardia.
Están pendientes de lo que puede pasar, anticipan problemas, se sobresaltan con facilidad o sienten que necesitan tener las cosas bajo control para poder estar tranquilas.
A veces incluso llega el momento de descansar… y no consiguen hacerlo.
¿Por qué estoy siempre en alerta aunque no pase nada?
Sentirse constantemente en alerta puede estar relacionado con periodos prolongados de estrés, ansiedad o con determinadas experiencias difíciles.
Aunque racionalmente sepamos que estamos a salvo, nuestra respuesta emocional no siempre cambia al mismo ritmo.
En algunas personas esa sensación aparece durante una etapa de mucha exigencia. En otras puede estar relacionada con experiencias anteriores que hicieron necesario mantenerse pendiente de lo que ocurría.
No existe una única explicación y sentirse así no significa necesariamente que exista un trastorno psicológico o un trauma. Para comprender qué está ocurriendo es importante valorar cada situación de forma individual.
¿Cómo se siente vivir constantemente en alerta?
No siempre se experimenta como miedo.
A veces aparece de formas mucho más cotidianas: dificultad para desconectar, preocupación constante, necesidad de anticipar lo que puede ocurrir, irritabilidad, problemas para dormir, dificultad para concentrarse, sobresaltarse con facilidad o estar muy pendiente de las reacciones de los demás.
También puede aparecer la sensación de que descansar resulta incómodo o de que necesitamos tener las cosas bajo control para poder sentirnos tranquilos.
El problema no es estar atentos o preocuparnos de vez en cuando.
La dificultad aparece cuando esa alerta se mantiene y empieza a interferir en nuestro descanso, nuestras relaciones o nuestra capacidad para disfrutar.
“Sé que no va a pasar nada, pero sigo sintiéndome igual”
Esta aparente contradicción puede generar mucha frustración.
“Sé que estoy a salvo”.
“Sé que ya terminó”.
“Sé que probablemente no ocurra nada”.
Y, sin embargo, la sensación de alarma continúa.
Comprender racionalmente una situación es importante, pero no siempre hace que nuestras emociones cambien al mismo ritmo.
Podemos saber que una relación terminó, que una etapa laboral complicada quedó atrás, que una enfermedad está superada o que ahora estamos en un entorno diferente y seguir reaccionando con miedo, tensión o inseguridad.
Esto no significa que estemos haciendo algo mal.
Puede ser una señal de que necesitamos comprender mejor qué está manteniendo esa respuesta en el presente.
¿Puede estar relacionado con experiencias difíciles del pasado?
En algunas personas, sí.
Determinadas experiencias pueden influir en la manera en que aprendemos a anticiparnos, protegernos o interpretar algunas situaciones.
Aquello que en un determinado momento nos ayudó a afrontar una situación difícil puede continuar apareciendo después, incluso cuando las circunstancias han cambiado.
Pero es importante no simplificar.
Sentirse en alerta no significa automáticamente que una persona tenga un trauma.
Puede estar relacionado con estrés, ansiedad, circunstancias actuales, experiencias anteriores o con una combinación de diferentes factores.
Por eso, más que buscar rápidamente una etiqueta, en terapia tratamos de comprender qué sentido tiene esa respuesta dentro de la historia de cada persona.
Cuando estar pendiente de todo termina agotándonos
Mantenernos en alerta requiere mucha energía.
Con el tiempo puede resultar difícil disfrutar, descansar o estar verdaderamente presentes en aquello que estamos haciendo.
A veces aparecen pensamientos como:
“Necesito dejarlo todo organizado antes de poder descansar”.
“Tengo que saber qué va a pasar”.
“Si estoy pendiente de todo, podré evitar que algo salga mal”.
“Cuando todo está tranquilo me cuesta confiar”.
La organización o la previsión no son un problema en sí mismas.
La dificultad aparece cuando sentimos que no podemos estar tranquilos si no tenemos todo controlado o cuando vivimos continuamente anticipando lo que podría ocurrir.
¿Qué podemos trabajar en terapia?
El objetivo no es decirle a una persona que simplemente tiene que relajarse.
Podemos explorar qué situaciones despiertan esa alerta, desde cuándo aparece, qué pensamientos la acompañan, qué intenta evitar o prevenir la persona y qué experiencias pueden estar relacionadas.
El trabajo terapéutico puede ayudar a reconocer mejor las señales de estrés o ansiedad, comprender la necesidad de anticipación o control, desarrollar recursos de regulación emocional y recuperar progresivamente una mayor sensación de seguridad.
Y, cuando existen experiencias difíciles que siguen influyendo en el presente, también puede ser necesario trabajar específicamente sobre ellas.
No se trata únicamente de conseguir que desaparezca un síntoma.
Se trata de comprender qué está sosteniendo esa forma de responder y ayudar a que la persona pueda relacionarse de otra manera con lo que está viviendo ahora.
¿Puede ayudar la terapia EMDR?
Cuando la sensación de alerta está vinculada a experiencias traumáticas o a recuerdos que continúan generando un malestar importante, EMDR puede ser uno de los abordajes que se valoren.
La terapia EMDR cuenta con especial respaldo científico para el tratamiento del trastorno de estrés postraumático.
Esto no significa que cualquier persona que viva con ansiedad, estrés o sensación de alerta necesite EMDR.
Antes es necesario comprender qué está ocurriendo, conocer la historia de la persona, sus recursos y sus necesidades actuales.
Una consulta con nosotras puede ayudarte a comprender mejor qué está ocurriendo y a valorar si EMDR puede ser un abordaje adecuado para ti en este momento.
¿Cuándo puede ser útil pedir ayuda?
No es necesario esperar a estar completamente desbordado.
Puede ser útil consultar cuando esta sensación de alerta lleva tiempo acompañándote, afecta al descanso, dificulta desconectar, interfiere en tus relaciones, aumenta tu necesidad de control o hace que incluso los momentos tranquilos resulten difíciles de disfrutar.
A veces pensamos que debemos acostumbrarnos porque “siempre hemos sido así”.
Pero que una manera de funcionar nos haya acompañado durante mucho tiempo no significa que no podamos comprenderla y trabajarla.
Vivir con una mayor sensación de seguridad
No podemos controlar todo lo que ocurre a nuestro alrededor.
Tampoco se trata de conseguir estar tranquilos permanentemente.
Pero sí podemos aprender a reconocer cuándo necesitamos protegernos realmente y cuándo estamos respondiendo desde una alarma que quizá ya no necesitamos de la misma manera.
Si sientes que te cuesta bajar la guardia incluso cuando aparentemente todo está bien, podemos ayudarte a comprender qué está ocurriendo.
En Centro EIZA ofrecemos atención psicológica para dificultades relacionadas con la ansiedad, el estrés y el trauma psicológico, de forma presencial en Bilbao y también online.
También puede interesarte:
Referencias:
Contenido elaborado y revisado por el equipo de Centro EIZA
Psicólogas Generales Sanitarias
Atención presencial en Bilbao y terapia online.


