Vuelta al cole: cómo acompañar los nervios y las emociones de niños y adolescentes
- Centro EIZA

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La vuelta al cole supone recuperar horarios, rutinas, responsabilidades, compañeros, actividades… y adaptarse de nuevo a un ritmo diferente al del verano.
Para algunos niños, niñas y adolescentes es un momento esperado. Para otros, los días previos pueden venir acompañados de nervios, preocupaciones, irritabilidad, dificultades para dormir o cierta inseguridad ante lo que comienza.
Y ambas cosas pueden coexistir: tener ganas de volver y, al mismo tiempo, sentir cierta inquietud.
Volver a la rutina también necesita un tiempo
Después de varias semanas con horarios diferentes y menos obligaciones, no siempre es fácil recuperar de un día para otro el ritmo escolar.
Durante los primeros días pueden aparecer mayor cansancio, dificultad para levantarse, cambios en el sueño, irritabilidad o menor capacidad para concentrarse.
También pueden surgir preocupaciones como:
“¿Con quién me tocará?”“¿Y si este año me cuesta más?”“No quiero volver a madrugar.”“¿Y si no encajo?”
En la adolescencia pueden añadirse otras cuestiones: la presión académica, las relaciones con el grupo de iguales, los cambios de etapa o las expectativas sobre el rendimiento.
Sentir cierta inquietud ante una transición no significa necesariamente que exista un problema. Cada niño, niña o adolescente necesita su propio tiempo para adaptarse.
A veces necesitan que escuchemos antes de intentar tranquilizar
Cuando vemos que nuestros hijos están preocupados, es habitual intentar tranquilizarlos rápidamente:
“Ya verás cómo no pasa nada.”“Seguro que todo va bien.”“No tienes por qué preocuparte.”
Lo hacemos con la intención de ayudar, pero a veces puede resultar más útil escuchar primero lo que les está ocurriendo.
Podemos preguntar:
“¿Qué es lo que más te preocupa de volver?”
“¿Hay algo que crees que podría ayudarte a sentirte más tranquilo o tranquila?”
Poner palabras a lo que sienten puede ayudarles a comprender mejor lo que les está ocurriendo y a sentirse acompañados.
Recuperar las rutinas poco a poco
No es necesario pasar del ritmo del verano al ritmo escolar de un día para otro.
Durante los días previos puede ser útil ir recuperando progresivamente:
los horarios de sueño;
las comidas;
los momentos de actividad y descanso;
la preparación del material;
pequeñas responsabilidades cotidianas.
Anticipar algunos de estos cambios puede aportar previsibilidad y facilitar la adaptación a la nueva rutina.
Aprender a reconocer lo que sentimos también forma parte del aprendizaje
Los niños y adolescentes no necesitan dejar de sentir nervios, frustración o miedo.
Lo que necesitan es ir aprendiendo a reconocer qué les está ocurriendo y desarrollar recursos para afrontar esas emociones.
Parar unos instantes, observar lo que están sintiendo, prestar atención a la respiración o aprender a diferenciar entre lo que está ocurriendo y aquello que imaginan que podría ocurrir son habilidades que pueden entrenarse.
No se trata de eliminar las emociones incómodas, sino de aprender progresivamente a relacionarse con ellas de otra manera.
El mindfulness enseña a dirigir la atención al momento presente y a observar pensamientos, sensaciones y emociones con mayor conciencia.
En niños, niñas y adolescentes se trabaja mediante prácticas adaptadas a cada edad, juegos, dinámicas y pequeños ejercicios que pueden incorporar posteriormente a su vida cotidiana.
Puede ayudarles a entrenar aspectos como:
el reconocimiento de las emociones;
la capacidad para parar antes de reaccionar;
la relación con las preocupaciones;
y el desarrollo de recursos para recuperar la calma.
El objetivo no es conseguir que un niño “no se ponga nervioso” o que un adolescente deje de tener preocupaciones.
Se trata de que pueda ir reconociendo lo que le sucede y disponga de más recursos para afrontarlo.
¿Cuándo conviene prestar un poco más de atención?
En ocasiones, las dificultades ante la vuelta al colegio van más allá de los nervios habituales de los primeros días.
Puede ser recomendable consultar cuando el malestar es intenso, se mantiene en el tiempo o empieza a interferir de manera importante en la vida cotidiana.
Por ejemplo, cuando aparecen de forma persistente:
dificultades importantes para dormir;
malestar frecuente antes de acudir al colegio;
llanto o ansiedad intensa;
rechazo continuado a asistir a clase;
irritabilidad muy elevada;
aislamiento;
cambios significativos en el comportamiento;
o un sufrimiento que preocupa especialmente a la familia.
En estos casos, puede ser importante detenerse a comprender qué está ocurriendo, en lugar de centrarnos únicamente en conseguir que desaparezca la conducta.
Acompañar la vuelta al cole
La vuelta a la rutina también puede convertirse en una oportunidad para hablar con nuestros hijos e hijas sobre cómo están, qué necesitan y qué les preocupa.
No siempre podremos evitar que aparezcan nervios, frustración o inseguridad.
Pero sí podemos ayudarles a descubrir que las emociones pueden reconocerse, expresarse y aprender a gestionar poco a poco.
En Centro EIZA trabajamos mindfulness con niños, niñas y adolescentes a través del método Eline Snel, con prácticas adaptadas a las diferentes edades.
Este otoño comenzamos nuevos grupos en septiembre y octubre, en grupos reducidos y con posibilidad de realizarlos en euskera o castellano.
Si quieres recibir información sobre fechas, horarios y programas por edades, puedes ponerte en contacto con nosotras.
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Referencias
Dunning, D. L., Griffiths, K., Kuyken, W., Crane, C., Foulkes, L., Parker, J. & Dalgleish, T. (2019). Research Review: The effects of mindfulness-based interventions on cognition and mental health in children and adolescents – a meta-analysis of randomized controlled trials. Journal of Child Psychology and Psychiatry.
Kander, T. N. et al. (2024). Mindfulness-based interventions for preadolescent children: A meta-analysis.
World Health Organization Regional Office for Europe. (2024). Información sobre bienestar, presión escolar y salud mental en adolescentes.
Artículo elaborado y revisado por el equipo de Centro EIZA
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