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¿Cómo saber si una experiencia del pasado todavía me está afectando?

  • Foto del escritor: Centro EIZA
    Centro EIZA
  • hace 2 días
  • 6 min de lectura

“Eso pasó hace mucho tiempo. No entiendo por qué todavía me afecta”.

Esta es otra de las preguntas que aparecen con frecuencia en consulta.


A veces tenemos claro que una etapa terminó. Han pasado meses o incluso años, nuestra vida ha cambiado y racionalmente sabemos que aquello pertenece al pasado.


Sin embargo, determinadas situaciones siguen despertando miedo, inseguridad, tristeza, enfado o una reacción que sentimos desproporcionada respecto a lo que está ocurriendo ahora.


Y entonces aparece la duda:


¿Puede algo del pasado seguir influyendo en cómo me siento hoy?

¿Cómo sé si algo del pasado todavía me está afectando?


No existe una señal única que permita saberlo.


Pero puede ser útil preguntarnos por ello cuando determinadas situaciones presentes despiertan repetidamente emociones, pensamientos o formas de reaccionar que parecen conectadas con experiencias anteriores.


Por ejemplo, podemos notar que evitamos ciertas situaciones, que algunos recuerdos siguen generando mucho malestar, que nos sentimos especialmente amenazados ante determinados estímulos o que reaccionamos con mucha intensidad ante situaciones que de alguna manera nos recuerdan a algo vivido anteriormente.


Tras experiencias traumáticas pueden aparecer recuerdos intrusivos, evitación de recordatorios y una sensación aumentada de amenaza. Sin embargo, estas respuestas no significan por sí solas que una persona tenga un trastorno de estrés postraumático.


A veces no recordamos el pasado: reaccionamos en el presente


No siempre aparece un recuerdo claro.


Una persona puede encontrarse ante una situación actual y sentir que algo le afecta mucho más de lo que esperaba.


Por ejemplo:


  • una crítica genera una sensación intensa de fracaso;

  • un conflicto despierta mucho miedo a que una relación termine;

  • no recibir una respuesta provoca una gran inseguridad;

  • determinadas situaciones hacen que necesitemos controlar lo que ocurre;

  • un lugar, un olor o una conversación generan un malestar difícil de explicar;

  • evitamos algo sin saber exactamente por qué;

  • sentimos que tenemos que protegernos incluso cuando racionalmente sabemos que la situación actual es diferente.


Esto no demuestra que exista necesariamente un trauma.


Pero cuando un patrón se repite puede resultar útil preguntarnos qué está activándose en ese momento y por qué esa situación tiene tanto significado para nosotros.


“Sé que esta situación es diferente, pero reacciono igual”


Esta sensación puede resultar desconcertante.


Podemos saber que nuestra pareja actual no es la persona que nos hizo daño.


Que un nuevo trabajo no es aquel en el que lo pasamos mal.


Que una intervención médica actual no es la misma experiencia que vivimos anteriormente.

Que una conversación difícil no significa necesariamente que alguien vaya a abandonarnos.

Y, aun así, sentir miedo, inseguridad o una necesidad intensa de protegernos.


Uno de los modelos psicológicos más influyentes sobre el estrés postraumático plantea precisamente que, en algunas personas, determinados procesos relacionados con la memoria y la interpretación de lo vivido pueden mantener una sensación de amenaza en el presente, aunque el acontecimiento pertenezca al pasado.


Eso no significa que debamos aplicar este modelo a cualquier dificultad emocional. Pero ayuda a comprender algo importante:


Saber que algo terminó y sentir que terminó no siempre son exactamente lo mismo.

¿Significa que todo lo que nos pasa viene del pasado?

No.

Y para nosotras esta es una distinción importante.


No necesitamos encontrar una experiencia antigua detrás de cada miedo, cada dificultad o cada reacción.


A veces el problema está fundamentalmente relacionado con lo que estamos viviendo ahora: una situación laboral difícil, una relación complicada, una pérdida, incertidumbre, estrés mantenido, problemas económicos, enfermedad o cualquier otra circunstancia actual.

Nuestra historia puede influir en cómo afrontamos determinadas situaciones, pero el pasado no explica automáticamente todo lo que sentimos en el presente.


Por eso, en terapia tratamos de comprender el conjunto: qué está ocurriendo ahora, cuándo comenzó el malestar, qué lo mantiene, qué recursos tiene la persona y qué experiencias de su historia pueden ser relevantes.


¿Qué señales pueden hacerme pensar que merece la pena explorar esta relación?


Más que buscar una lista de “síntomas de trauma”, puede ser útil observar si existen patrones que se repiten.


Por ejemplo:


“Siempre termino sintiéndome igual en determinadas situaciones”.

“Sé que no debería darme tanto miedo, pero no puedo evitarlo”.

“Hay cosas de las que prefiero no hablar porque me afectan demasiado”.

“Cuando ocurre algo parecido, vuelvo a sentirme como entonces”.

“Pensaba que estaba superado, pero determinadas situaciones hacen que vuelva todo”.

“No entiendo por qué esto me afecta tanto”.


En el TEPT, la evitación de personas, lugares, actividades, pensamientos o sentimientos relacionados con la experiencia traumática puede formar parte del cuadro, igual que los recuerdos intrusivos y un estado persistente de mayor alerta.


Pero volvemos a insistir: reconocerse en alguno de estos ejemplos no equivale a tener un diagnóstico.


¿Por qué evitar algo puede hacer que parezca que está superado?


A veces conseguimos continuar con nuestra vida evitando aquello que nos genera malestar.


No hablamos del tema.


No vamos a determinados lugares.


Intentamos no pensar en ello.


Evitamos ciertas conversaciones o situaciones.


Y durante un tiempo puede parecer que aquello ya no nos afecta.


El problema puede aparecer cuando la vida nos pone de nuevo delante de algo relacionado con esa experiencia.


La evitación es una de las respuestas descritas tras acontecimientos traumáticos y, cuando se mantiene, puede interferir con la vida cotidiana.


Por eso en terapia no solo preguntamos: “¿Piensas mucho en aquello?”


A veces también necesitamos preguntar: “¿Qué has tenido que dejar de hacer para no sentirte así?”


Comprender nuestra historia no significa vivir atrapados en ella


Trabajar con experiencias anteriores no consiste en buscar culpables ni en revisar permanentemente todo lo que hemos vivido.


Tampoco significa que tengamos que recordar cada detalle.


El objetivo es comprender qué relación puede existir entre determinadas experiencias y algunas dificultades actuales, y valorar qué necesitamos para poder responder de otra manera en el presente.


En ocasiones será suficiente trabajar sobre lo que está ocurriendo actualmente.


En otras, puede resultar necesario abordar experiencias anteriores que siguen generando un malestar significativo.


¿Puede ayudar la terapia EMDR?


Cuando existen experiencias traumáticas o recuerdos perturbadores claramente relacionados con las dificultades actuales, EMDR puede ser uno de los abordajes que se valoren.


La evidencia más consolidada de EMDR se encuentra en el tratamiento del trastorno de estrés postraumático. La guía NICE recomienda EMDR para adultos con TEPT o síntomas clínicamente importantes de TEPT en determinadas circunstancias.


Esto no significa que cualquier experiencia difícil deba trabajarse necesariamente con EMDR.


Antes es importante conocer la historia de la persona, comprender el motivo de consulta, valorar sus recursos y determinar qué intervención puede ser la más adecuada.


No necesitas llegar a consulta sabiendo si “lo tuyo es trauma” ni si necesitas EMDR.


¿Cuándo puede ser útil pedir ayuda?


Puede ser un buen momento para consultar cuando notas que determinadas experiencias siguen generándote un malestar importante, cuando evitas situaciones por miedo a cómo vas a sentirte, cuando aparecen patrones que se repiten en tus relaciones o cuando determinadas situaciones actuales provocan reacciones que te cuesta comprender o manejar.


También cuando simplemente aparece una sensación como:

“He seguido adelante, pero creo que esto todavía me afecta más de lo que pensaba”.

No hace falta tener una explicación clara antes de pedir ayuda.


A veces comprender qué nos está ocurriendo forma parte precisamente del proceso terapéutico.


El pasado puede influir, pero no tiene por qué decidir el presente


Nuestra historia forma parte de nosotros.


Algunas experiencias nos han dado recursos y otras pueden haber dejado formas de protegernos que quizá hoy ya no necesitamos de la misma manera.


Trabajarlas no significa borrar lo ocurrido.

Significa poder recordarlo, comprenderlo o relacionarnos con ello sin que tenga que seguir condicionando de la misma forma nuestra vida actual.


Si sientes que determinadas experiencias pueden estar influyendo en cómo te encuentras ahora, en Centro EIZA podemos ayudarte a comprender qué está ocurriendo y valorar qué abordaje puede ser adecuado para ti.


Atención psicológica presencial en Bilbao y terapia online.



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Referencias



Contenido elaborado y revisado por el equipo de Centro EIZA

Psicólogas Generales Sanitarias

Atención presencial en Bilbao y terapia online.

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